Sala de Prensa
Santiago, 06 de noviembre de 2012  
Discurso del Subsecretaio Schmidt en:
Primera Reunión de Puntos Focales sobre implementación del principio 10 de la Declaración de Río
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PALABRAS DE INAUGURACIÓN DEL
MINISTRO DE RELACIONES EXTERIORES DE CHILE (S)
EMB. FERNANDO SCHMIDT ARIZTÍA

Vocativos.

Tengo el privilegio de inaugurar hoy este encuentro de puntos focales para la implementación en nuestra región del Principio 10 de la Declaración de Río sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Estoy convencido que este ejercicio permitirá iniciar un proceso fructífero y promisoriode intercambios destinados a reforzar la participación de la sociedad en los temas ambientales.

Quisiera destacar que elcamino que iniciamos hoy es consistente con los nuevos desafíos que se levantan en nuestros tiempos.

Las sociedades contemporáneas han experimentado profundos cambios en las últimas décadas, dando origen a comunidades más interconectadas, más informadas y más conscientes del mundo que los rodea y de los problemas que la afectan.

Las formasde sociabilidad basadas en las nuevas tecnologías, han dado origen a procesos colectivos virtuales y nuevos espacios, donde a menudo se forman opiniones, y donde la sociedad construye consensos en temas centrales para nuestro desarrollo. Las personas aspiran de forma creciente a participar en esos espacios, y a influir en las decisiones que las afectan individualmente, o a sus familias, a su barrio, a su ciudad o al país en que viven.

Para nuestras democracias, ésta es una suerte de victoria no buscada. Las tecnologías de la información y la masificación de medios de comunicación han hecho posible una integración social y un debate de una intensidad que no visualizábamos hace pocos años.

Así, los gobiernos nos encontramos frente a un gran desafío, que es el de generar espacios para que nuestras sociedades, cada día más empoderadas y activas, puedan participar de forma efectiva y organizada en la construcción de un futuro común. Se trata a fin de cuentas no sólo de un esfuerzo para responder adecuadamente a nuevas circunstancias y desafíos, sino también de fortalecer las instituciones y de integrar estas nuevas formas de participación.

Por tal motivo, la implementación del principio 10 de la declaración de Río de 1992 constituye una tarea largamente esperada por la comunidad internacional. En esa línea, la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo señaló que "El mejor modo de tratar las cuestiones ambientales es con la participación de todos los ciudadanos interesados, en el nivel que corresponda". De aquí nace por lo tanto el reconocimiento de los derechos de acceso como algo fundamental, en lo que se conoce como los tres pilares del principio 10: acceso a información;acceso a participación en la toma de decisiones; y acceso a justicia ambiental.

Animados por este espíritu, el gobierno de Chile propuso durante la Conferencia de Río + 20, una declaración abierta a todos los países de América Latina y el Caribe, destinada a implementar el Principio 10 en nuestra región. Ella fue suscrita por los países aquí representados por sus puntos focales, constituyendo el referente para convocar a esta reunión, a lo que también se han sumado naciones no firmantes. Aprovecho de expresar nuestro reconocimiento a la Comisión Económica para América Latina, representada por la Secretaria Ejecutiva Alicia Bárcena, por su invaluable apoyo y por haber aceptado ejercer el rol de Secretaría Técnica.

En lo medular, la declaración que propusimos en Río expresa:

"manifestamos nuestra voluntad de iniciar un proceso que explore la viabilidad de contar con un instrumento regional que puede ir desde guías, talleres, buenas prácticas hasta un Convenio Regional abierto a todos los países de la Región y con la significativa participación de toda la ciudadanía interesada. América Latina y el Caribe puede y debe dar un paso significativo en esta materia".

Creemos que la adecuada implementación del principio 10 en América Latina y el Caribe se puede lograr sólo a través de un proceso inclusivo, que involucre a las sociedades en su conjunto, y en donde se generen amplios espacios para debatir mecanismos y métodos de implementación.

Desde esta perspectiva, la iniciativa que hemos planteado significará un recorrido de aprendizaje, que beneficiará tanto a gobiernos, sociedad civil y otros actores interesados, creando conciencia de la necesidad de abordar estos temas y al mismo tiempo creando capacidades para afrontar de forma más efectiva y coordinada, a nivel regional, los principales desafíos que se presentan en este marco. En resumen, estimamos que tan valioso como la meta que perseguimos es el camino para llegar a ella.

Sabemos que no estamos solos en este empeño. En Río + 20 pudimos comprobar cómo la comunidad internacional, encabezada por la Unión Europea, identificó en los derechos de acceso uno de los requisitos esenciales para avanzar hacia un desarrollo sostenible.

El camino que tenemos por delante no estará exento de complejidades. Tampoco lo estuvo el camino hacia la redacción de las Directrices de Bali, o el que condujo a la exitosa negociación del Convenio de Aarhus, iniciativas que tendremos la oportunidad de conocer más en detalle durante esta reunión internacional.

Nuestra región tiene especificidades culturales y sociales que deben ser consideradas al momento de analizar la construcción de un instrumento de implementación regional del Principio 10. Sin embargo, ello no debe constituir un obstáculo para ratificar nuestro compromiso con la democracia y con la mayor participación que hoy plantean nuestras ciudadanías. En este sentido, deseo renovar la disposición de Chile para facilitar el camino hacia una América Latina más fuerte y abierta a sus pueblos.

Uno de los más destacados luchadores por la libertad que ha tenido nuestro país, Francisco Bilbao, señaló en 1844: "así como la duda retrocede ante la conciencia de la existencia del yo, así también la duda política se detiene al contemplar el grandioso e irremediable espectáculo de la libertad que hemos conquistado".

Estas palabras, pronunciadas en las primeras décadas de vida de nuestras naciones independientes,constituyen un aliciente y confirman que la libertad y la realización de los seres humanos, sólo puede alcanzarse plenamente cuando las sociedades avanzan en la maduración de sus democracias y en un concepto pleno de justicia. Esta es la tarea que tenemos por delante, y estoy convencido que América Latina se encuentra preparada para avanzar exitosamente hacia este objetivo.

"La política debe ser un compromiso por la justicia y crear así las condiciones básicas para la paz" como dijo Su Santidad el Papa Benedicto XVI.

 

Muchas gracias.